Me acaban de ascender: ¿y ahora qué?

Unas de las experiencias más reconfortantes que se puede tener como trabajador, e incluso como persona en general, es gozar de un reconocimiento público por parte de tus superiores laborales.
Sin embargo no hay que olvidar el significado de trabajo (véase el blog anterior Como pedir un aumento de sueldo y no morir en el intento).
Puntualizado en concepto temporal y económico del trabajo, que alimenta el cuerpo, el ascenso alimenta el espíritu. Y aquí radica la felicidad, la sensación de éxito.

Por el éxito y la notoriedad se han dejado llevar grandes personalidades del cine, la televisión, la política. Han sido capaces de sacrificar sus familias, sus amigos y sus principios por conseguir un “falso éxito” fruto más de una disfunción del “ego” que de la necesidad personal de obtenerlo.
Pero quien esté leyendo este post, sin duda goza de mi respeto a que no será uno de estos egocéntricos, sino un apasionado de la vida que pretende sobrevivir en esta jungla sin normas llamada “vida” (laboral y personal).

Para estas personas como tú, el ascenso representa una pequeña fracción de éxito personal, motivador y que forma parte de una etapa de montaña de la propia vida.
Pero, una vez ascendido, una vez reconocido en la reunión con sus jefes que goza de sus respetos, ¿y ahora qué? ¿Cómo se gestiona el mañana laboral? ¿Cómo me presento ante mis compañeros ex homólogos? Para mí, sin duda, la respuesta es «continuar siendo uno mismo».

Porque un ascenso, a pesar de las envidias que pueda provocar en sus compañeros, debe ser gestionado desde el cerebro y no desde el estómago. Hay que evitar posicionarse como “superior”. Por el contrario, hay que esforzarse más que los demás para demostrar que nunca se deja de trabajar como siempre y, además, se lidera al resto de compañeros.
Hay una definición de “jefe” que suelo reproducir cuando tengo ocasión: “Jefe es aquel que no está por encima, sino delante”.

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