Liderar un equipo de trabajo

Se han escrito multitud de libros, infinidad de artículos, e incluso existen centros de estudios que ofrecen clases sobre liderazgo.
Y todo ello tiene, bajo mi punto de vista, un denominador común: existen tantas formas de liderar como personas hay.
Y eso parece ser así, por varios motivos. Sin duda, cada autor expresa sus experiencias con la ambición de crear alguna pauta reconocible para enseñar el “patrón del liderazgo”. Por otro lado, la experiencia no siempre se puede enseñar, sino que hay que vivirla.
Es lógico pensar que, desde el punto de vista del “líder en potencia”, puedan aplicarse ciertos patrones de conducta para liderar a un equipo. Pero no solo depende de las capacidades “aprendidas en la teoría” del líder, sino de las individualidades de cada uno de los miembros del equipo a liderar. Y no solo de sus comportamientos como individuos, sino de la multitud de hipótesis que se generan en su interacción como “comunidad a liderar”.

Soy de la opinión que la experiencia personal es la mejor base para empezar a liderar. Si una persona como futuro líder tiene un carácter autoritario, le resultará imposible mostrarse ante el equipo como un líder comprensivo; quien por el contrario tiene dotes de “persona conciliadora”, le resultará muy difícil sacar un carácter de mando en algún momento de su liderazgo.
Ante todo, no se puede (ni se debe) perder su forma de ser. Si le han escogido sus superiores para liderar un equipo, lo han decidido por sus habilidades y carácter mostrados hasta el momento; si viene por causas sobrevenidas, se debe forjar a fuego lento encontrando el punto intermedio entre el líder, el equipo y las circunstancias del momento.

Las circunstancias del momento son quizá más determinantes para el éxito del liderazgo que el propio líder. Liderar en un ambiente de bonanza empresarial, de consecución de objetivos y de gran cohesión resulta menos traumática que hacerlo en momentos de crisis económica, empresarial, de relevo generacional (véase blog anterior) y de dificultades personales.
Ni un gran líder podrá con un escenario hostil. Una gran persona, por el contrario, sabrá llegar a ser un gran líder hasta en los peores momentos.

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