De empresario a empresa: la importancia de las reuniones directivas

Recuerdo hace ya un tiempo, sin nostalgia alguna, que cada viernes por la tarde teníamos reuniones de áreas con el jefe. En ocasiones eran grupales, pero en la mayoría de los casos, eran un “vis a vis” sin cristal de protección.
En esas reuniones quedaba muy claro “quien sabía más». Y no éramos los técnicos especialistas de cada área. Y “ay de ti” que la ignorancia del jefe fuera rebatida por el conocimiento del técnico. Eso eliminaba cualquier atisbo de ascenso.
Afortunadamente los tiempos van cambiando, aunque quedan demasiadas empresas que continúan ejerciendo una dirección patriarcal.

Las empresas jóvenes, compuestas por emprendedores y equipos de trabajo jóvenes tienen un sistema de toma de decisiones mucho más sindicado, es decir, tomando en valor las especialidades de cada uno de los miembros del equipo para elegir la decisión más correcta.
Creo que no hace mucha falta explicar cuál de las dos opciones es la más indicada para llevar al éxito una empresa.
Sin duda, cuando un empresario paga un salario a un técnico, le paga por unas habilidades y conocimientos concretos. Parecería inverosímil que, en el momento de tomar decisiones estratégicas, que dependen de las capacidades de ciertas áreas, no se tenga en consideración la opinión del que domina mejor esa área.

También puede ocurrir algo similar cuando la empresa crece de forma inesperada. Mientras la empresa mantenía una capacidad productiva estable, con un equipo de trabajo adecuado y correcto, realizaba unas reuniones de trabajo de consenso. Pero suele pasar que cuando crece su estructura, se reduce el equipo de decisión, incluso llegando a ser únicamente el empresario y, con suerte, el más allegado. De nuevo el ADN patriarcal con sus usos y costumbres.
En mi trabajo puedo determinar que aún “sobreviven” empresas de marcado carácter patriarcal, unitario. Pero la esperanza de fomentar y lograr empresas de mayor sensibilidad social, familiar, personal depende de la formación de emprendedores que valoren las decisiones de equipo.

El daño de las conversaciones de bar a los profesionales del asesoramiento (11) Los que somos profesionales de la consultoría me entenderán perfectamente. Esa llamada de nuestro cliente explicándonos que “un amigo me ha dicho” o “me ha contado un compañero” tal novedad o tal cosa, medio insinuando que nuestro trabajo, acumulado de años sin problemas para él, se va “al garete” en 10 minutos en una cafetería, por mediación de un “experto” amigo de nuestro cliente.
Y así es como se forja un trabajo ingrato de desacreditar al compañero/amigo en su intento de demostrar que su asesor es mejor que nosotros.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *